Nací con un sueño, un sueño del que parece que no puedo despertar. Desde que tengo uso de razón me atrae y lo persigo, se ha convertido en el objetivo de mi vida. Ese sueño es ser militar.
Nunca supe por qué, supongo que me dejé deslumbrar por la organización y todo el armamento, por las historias de héroes y sacrificio, y que al madurar, las ganas se me quitarían. Me equivoqué, al madurar creí que la verdadera razón de esto no era el patriotismo, porque te das cuenta de que en este país sólo hay patriotismo si se gana en el fútbol. Una nueva explicación se me ocurrió y fue el altruismo, puro y simple altruismo. Me daba coraje ver cómo había seres humanos capaces de torturar a otros, de atacar a pueblos más débiles, matándolos de hambre. Deseaba que cualquiera que pudiera se alistara y acabáramos con todas estas barbaridades. Se parece al trabajo de un misionero, pero aquí te puedes defender y hacérselo pagar. Pero todo esto se fue diluyendo al ver quien armaba a todos esos que tienen el poder y lo utilizan para su beneficio propio; no es muy agradable saber que un día tu gobierno le vende armas al dictador de turno y después a la mínima revuelta las usa para masacrar a sus ciudadanos.
Pues entonces, ¿qué es lo que me sigue empujando a realizar este sueño? El conocer al ser humano y a mí mismo. Realmente conoces a alguien cuando lo ves en los momentos de tensión, entonces el verdadero yo que lleva dentro sale a la luz. Yo quiero conocer a ese otro personaje que soy, quiero ver dónde está mi límite, asomarme a la profundidad del alma y mirar fijamente a los ojos del monstruo que habita dentro de cada persona. Una vez que halla hecho todo esto sabré cómo es el ser humano, y que le empuja a cometer los actos más crueles. Necesito conocer el horror.
Quizás me despierte algún día de este sueño, quizás lo cumpla y me cague de miedo al ver lo que descubro, quizás me vuelva loco si no lo estoy ya.

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