viernes, 6 de abril de 2012

Extraños en la noche

Me encontraba en el casino, gastándome lo poco que me quedaba del dinero de las vacaciones en la ruleta, con lo que tendría que pasar hambre durante el resto del viaje. El casino era el único lugar en el que ponían buena música. Todas las noches había música en directo, pero esta era especial, tan sólo había un piano, en el que las manos experimentadas de una mujer nadaban entre las notas, un saxo que conquistaba y un cantante que le hacía homenaje a Sinatra. ¿Las canciones? clásicos, Fly me to the moon, As time goes by, Blue moon, Someone to watch over me, That's life... Con semejante repertorio me sentía parte del Rat Pack, cosa que se veía motivada por estar ganando en la ruleta.

Ah, la ruleta, es como la vida, números fríos, números calientes, dando vueltas constantemente... Cuando hice mi primera apuesta la mesa estaba vacía, ahora estaba llena de gente que se animó a jugar al ver el espejismo de la ganancia, de gente que me mostraba su apoyo, intentando sentirse parte de una victoria momentánea... Yo era un cóctel de adrenalina, perdía la apuesta, ganaba el doble, jugaba el triple, volvía a ganar, perdía otro poco en una fila, me salvaban el rojo y el negro, los pares e impares... nada que Dostoievski no haya dicho ya.

Continuaba siendo el amo de la noche hasta que de entre la multitud una voz dijo: "Sabía que estarías aquí". Me dí la vuelta y allí estaba ella, con ese maldito vestido, apareciéndose otra vez como en aquel bar. Todo se paró momentáneamente; no oía nada, no sentía nada, la adrenalina había sido sudada y mi mente pasó del blanco de la ruleta a los recuerdos fugaces, como disparos en la noche.

- ¿Cómo me has encontrado? me atreví a decir.

- Bueno, sólo había que seguir la música...

- Esto tiene que ser un sueño - la interrumpí- estoy ganando demasiado y tú te me apareces como un fantasma... ¿o quizás sea una pesadilla?.

- Donnie, no empieces a desvariar tan rápido, sabes que no lo soporto...

- Ni yo soporto que me hipnoticen para después utilizarme.

- Todavía recuerdas esa noche.

- Todavía recuerdo tu nombre, todavía recuerdo tus ojos mirando mi sombrero mientras te lo ponía, tus piernas...

- ¡Basta, cállate!

- Tus labios...

- ¡Estoy prometida!

- Así que es eso, por eso me pediste que pensara por los dos... pues, ¿sabes?, lo he hecho, y pienso que deberíamos seguir con esta locura.

- Yo también he estado pensando, pensando en olvidarte, pensando en que me olvides...

- ¿Y qué hay de esa charla sobre la lealtad y la fidelidad, acaso has cambiado o es que siempre se ha escondido una hipócrita bajo el velo del misterio?. ¿Me odias?.

- ¡No!

- Entonces me amas.

- No...

- ¡Ódiame o ámame, pero no me dejes indiferente o me obligues a olvidarte!

Entonces ya había perdido bastante dinero, pero aún tenía suficiente como para hacer la apuesta máxima, con lo que cogí todas las fichas y las aposté al 19, salió el 6.

- ¿Por qué has hecho eso?

- Porque no puedo quitarme tu nombre de la cabeza, ni el tacto de tu piel, ni la imagen de tu cara con mi sombrero, porque no hay razón en el amor, pero si hay algo de razón en la locura... y porque te quiero.

- Ya te he dicho mi decisión, me voy antes de que hagas más estupideces...

- Bien, porque me estoy hartando de hacer el payaso esta noche, pero, ¿sabes?, me has condenado, sí, me has condenado...

- Olvídame, olvida esa noche, olvídalo todo...

Y volvió a desaparecer entre la multitud. Abandoné la mesa como mi club de fans lo había hecho mientras mi número de fichas iba bajando. Me senté en el rincón más oscuro del lugar y me puse a pensar. Me río de mí, todo el día pensando y cuando la tenía delante apenas se me ocurría nada que decirle. Esa noche había sido un ganador disfrazado, encubriendo al perdedor que se enamoró aquella noche, cuando cruzó la puerta del bar y ella le susurró su nombre...

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